Información general:
Villacastin es un municipio de la provincia de Segovia, en Castilla y León, España. El Municipio de Villacastín está situado al suroeste de la provincia de Segovia, a la que pertenece, y formando límite con la provincia de Ávila, con un censo en la actualidad de 1.700 habitantes.
Villacastín abre sus puertas y le invita a visitarlo. Emplazado en una hondonada con una superficie de 109,800 kilómetros cuadrados. Su altitud rondando los 1.100 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierten en una de las villas más altas de Castilla y León, sirviendo de separación a dos configuraciones muy distintas: el suelo rocoso, útil para los pastos, y la tierra profunda para cultivos. Estas especiales condiciones de la orografía forman el binomio: ganadería-agricultura, de donde toma su matiz propio Villacastín.
El municipio está regado, entre otros, por los ríos: Cardeña, Alameda y Santa Cecilia y por los arroyos del Lavadero de la Aceña y San Bartolomé.
Las comunicaciones con el resto de la provincia y provincias limítrofes se realiza mediante la carretera N-VI Madrid-La Coruña, la N-110 de Ávila a Segovia, la Autopista A-6 de Villalba a Adanero y la AP-51 que une Villacastín con Ávila.
El núcleo urbano dista de la capital de Ávila 30 km., de Segovia 36 km. y de Madrid 74 km. Tradición y dinamismo se unen en esta encrucijada de vías de comunicación.
Las posibilidades turísticas de Villacastín están reflejadas no sólo en los aspectos cinegéticos y gastronómicos sino en la simpatía y capacidad de acogida de sus vecinos respecto a los visitantes, en sus monumentos artísticos y en suma, en un ambiente que hace que el visitante se sienta perfectamente integrado, aunque sea por unas horas, en esa alegría y paz que emana del pueblo castellano.
· Ayuntamiento de Villacastín: Plaza Mayor, 1 · 40150 Villacastín Tlf.: 921 198 008 Fax: 921 198 005
Villacastín abre sus puertas y le invita a visitarlo. Emplazado en una hondonada con una superficie de 109,800 kilómetros cuadrados. Su altitud rondando los 1.100 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierten en una de las villas más altas de Castilla y León, sirviendo de separación a dos configuraciones muy distintas: el suelo rocoso, útil para los pastos, y la tierra profunda para cultivos. Estas especiales condiciones de la orografía forman el binomio: ganadería-agricultura, de donde toma su matiz propio Villacastín.
El municipio está regado, entre otros, por los ríos: Cardeña, Alameda y Santa Cecilia y por los arroyos del Lavadero de la Aceña y San Bartolomé.
Las comunicaciones con el resto de la provincia y provincias limítrofes se realiza mediante la carretera N-VI Madrid-La Coruña, la N-110 de Ávila a Segovia, la Autopista A-6 de Villalba a Adanero y la AP-51 que une Villacastín con Ávila.
El núcleo urbano dista de la capital de Ávila 30 km., de Segovia 36 km. y de Madrid 74 km. Tradición y dinamismo se unen en esta encrucijada de vías de comunicación.
Las posibilidades turísticas de Villacastín están reflejadas no sólo en los aspectos cinegéticos y gastronómicos sino en la simpatía y capacidad de acogida de sus vecinos respecto a los visitantes, en sus monumentos artísticos y en suma, en un ambiente que hace que el visitante se sienta perfectamente integrado, aunque sea por unas horas, en esa alegría y paz que emana del pueblo castellano.
· Ayuntamiento de Villacastín: Plaza Mayor, 1 · 40150 Villacastín Tlf.: 921 198 008 Fax: 921 198 005
Historia:
El origen de su población aún no ha sido definido, pero como lugar de paso en dirección noroeste, una vez franqueada la Sierra de Guadarrama, es de suponer que sería poblado desde una remota antigüedad.
Discurre no lejos del pueblo una calzada romana por lo que algunos han atribuido al lugar descendencia romana, al decir que, en uno de los pasos con sus legiones, un general llamado Castín levantó una villa de recreo, que fue el principio de otras edificaciones.
Otros dan la versión de “Villa de Castillos” fijándose en los cuatro castillos que figuran en el escudo de la localidad, castillos de los que hoy en día no quedan vestigios.
La Matilla, Navalpino, Amaniel, Quejibar, La Fresneda entre otros, son nombres que poblados en otros tiempos y hoy parajes, han ido conformando el actual Villacastín.
En la Baja y Alta Edad Media el núcleo urbano se desarrolla, en función de su privilegiada situación greográfica, como enclave de cruce de caminos y cañadas y la expansión de las industrias inherentes a la explotación ganadera.
Este periodo culmina a finales del siglo XVI en que comienza una época de descenso en cuanto al número de sus habitantes.
Corrían los tiempos en el reinado de Felipe IV, se ve al Monarca en apuros económicos y para poder sustentar los gastos de la Corona, y al objeto de promover los necesarios fondos a las arcas reales se pone en práctica el vender el vasallaje.
Usando de dicho privilegio, el 2 de septiembre de 1626 se otorga escritura para eximir y apartar a Villacastín de la jurisdicción de Segovia, haciéndose Villa de por sí.
Formando el nuevo padrón y tras múltiples trámites burocráticos el Rey ratifica el título de Villa en documento fechado el 26 de marzo de 1627, según obra en el escudo de la Villa. A partir de esta fecha, Villacastín inicia una andadura cargada de buena voluntad hacia el futuro, pasando “de Aldea a Villa exenta y organizada”.
Con el transcurso del tiempo, Villacastín se ha consolidado como enclave de cruces de caminos y ello ha permitido que en la actualidad el sector de servicios y las industrias de transformación de sus productos naturales, desde el aprovechamiento de granito hasta productos cárnicos, que complementan la ganadería y una floreciente red de servicios de hostelería hayan ido en aumento.
Discurre no lejos del pueblo una calzada romana por lo que algunos han atribuido al lugar descendencia romana, al decir que, en uno de los pasos con sus legiones, un general llamado Castín levantó una villa de recreo, que fue el principio de otras edificaciones.
Otros dan la versión de “Villa de Castillos” fijándose en los cuatro castillos que figuran en el escudo de la localidad, castillos de los que hoy en día no quedan vestigios.
La Matilla, Navalpino, Amaniel, Quejibar, La Fresneda entre otros, son nombres que poblados en otros tiempos y hoy parajes, han ido conformando el actual Villacastín.
En la Baja y Alta Edad Media el núcleo urbano se desarrolla, en función de su privilegiada situación greográfica, como enclave de cruce de caminos y cañadas y la expansión de las industrias inherentes a la explotación ganadera.
Este periodo culmina a finales del siglo XVI en que comienza una época de descenso en cuanto al número de sus habitantes.
Corrían los tiempos en el reinado de Felipe IV, se ve al Monarca en apuros económicos y para poder sustentar los gastos de la Corona, y al objeto de promover los necesarios fondos a las arcas reales se pone en práctica el vender el vasallaje.
Usando de dicho privilegio, el 2 de septiembre de 1626 se otorga escritura para eximir y apartar a Villacastín de la jurisdicción de Segovia, haciéndose Villa de por sí.
Formando el nuevo padrón y tras múltiples trámites burocráticos el Rey ratifica el título de Villa en documento fechado el 26 de marzo de 1627, según obra en el escudo de la Villa. A partir de esta fecha, Villacastín inicia una andadura cargada de buena voluntad hacia el futuro, pasando “de Aldea a Villa exenta y organizada”.
Con el transcurso del tiempo, Villacastín se ha consolidado como enclave de cruces de caminos y ello ha permitido que en la actualidad el sector de servicios y las industrias de transformación de sus productos naturales, desde el aprovechamiento de granito hasta productos cárnicos, que complementan la ganadería y una floreciente red de servicios de hostelería hayan ido en aumento.
Lugares de Interés:
· Casa del Ayuntamiento: Situada en la Plaza Mayor, se asienta esta edificación sobre trece arcos de altura desigual, a causa del declive del suelo. Desde 1575 estos arcos de medio punto, sustentan la Casa Consistorial formando en ese lado de la plaza unos soportales de singular belleza. En la parte superior, se ven cuatro escudos de la villa.
· Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles: Las obras del convento se iniciaron en 1621 bajo el auspicio de Juan de Pedraza y de los Condes de Molina Herrera y su construcción tardó ocho años. Siendo ocupado por monjas franciscanas clarisas desde el 4 de diciembre de 1632 hasta nuestros días. La iglesia de este convento está presidida por un retablo renacentista que contiene un lienzo de Santa Clara y San Francisco.
· Iglesia Parroquial: Dos ilustres figuras del siglo XVI aparecen tradicionalmente asociadas a la construcción del templo: Rodrigo Gil de Hontañón, para dar forma, tanto a las naves como a las cúpulas, y Fray Antón de Villacastín, natural de estas tierras y hombre de confianza de Felipe II, para dar un cierto toque herreriano en la apariencia exterior. La obra de estilo herreriano en su exterior y gótico en su interior. Cuenta con tres naves separadas por esbeltas y seguras columnas que soportan bóvedas nervadas. Posee buenos retablos renacentistas y notables obras pictóricas. El retablo principal fue trazado por el jesuita Andrés Ruiz en 1589. Parece un tríptico no muy abierto y consta de cuatro órdenes, con columnas estriadas.
En el centro de las naves laterales de la “Catedral de la Sierra”, como la llamaba a la iglesia de Villacastín el Marqués de Lozoya, se encuentran los retablos dedicados al Cristo de la Cruz a Cuestas y el Sagrado Corazón de Jesús.
Los dos últimos retablos de la nave a derecha e izquierda son respectivamente: el de Nuestra Señora del Carmen, y el altar de San Francisco. El púlpito es del siglo XVI. El templo fue declarado Monumento Nacional el 8 de julio de 1944.
· Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles: Las obras del convento se iniciaron en 1621 bajo el auspicio de Juan de Pedraza y de los Condes de Molina Herrera y su construcción tardó ocho años. Siendo ocupado por monjas franciscanas clarisas desde el 4 de diciembre de 1632 hasta nuestros días. La iglesia de este convento está presidida por un retablo renacentista que contiene un lienzo de Santa Clara y San Francisco.
· Iglesia Parroquial: Dos ilustres figuras del siglo XVI aparecen tradicionalmente asociadas a la construcción del templo: Rodrigo Gil de Hontañón, para dar forma, tanto a las naves como a las cúpulas, y Fray Antón de Villacastín, natural de estas tierras y hombre de confianza de Felipe II, para dar un cierto toque herreriano en la apariencia exterior. La obra de estilo herreriano en su exterior y gótico en su interior. Cuenta con tres naves separadas por esbeltas y seguras columnas que soportan bóvedas nervadas. Posee buenos retablos renacentistas y notables obras pictóricas. El retablo principal fue trazado por el jesuita Andrés Ruiz en 1589. Parece un tríptico no muy abierto y consta de cuatro órdenes, con columnas estriadas.
En el centro de las naves laterales de la “Catedral de la Sierra”, como la llamaba a la iglesia de Villacastín el Marqués de Lozoya, se encuentran los retablos dedicados al Cristo de la Cruz a Cuestas y el Sagrado Corazón de Jesús.
Los dos últimos retablos de la nave a derecha e izquierda son respectivamente: el de Nuestra Señora del Carmen, y el altar de San Francisco. El púlpito es del siglo XVI. El templo fue declarado Monumento Nacional el 8 de julio de 1944.
Fiestas populares:
· 20 de enero: San Sebastián Mártir, patrón de Villacastín.
· 5 de febrero: Santa Águeda, donde las mujeres casadas de la localidad, han rescatado la Fiesta y su incorporación a las actividades festeras de Villacastín.
· Domingo siguiente a la Ascensión: fiesta de Nuestra Señora del Carrascal. Por la tarde procesión con la imagen de la patrona a la que se acompaña bailando la tradicional Jota Castellana, seguida de subasta de los banzos, refresco y remate de la subasta iniciada por la mañana.
· Fiestas patronales: penúltimo sábado de agosto hasta el último domingo de agosto. Con encierros matinales y vaquillas, carreras de caballos, tiradas al plato, y otras pruebas deportivas. Desfile de carrozas creadas por las peñas.
· Feria - Exposición de Ganado y Productos Artesanales.
· Gran Paella para todos los vecinos y visitantes del pueblo.
· Gran ofrenda floral a la Virgen del Carrascal, donde se acompaña a la patrona bailando la tradicional Jota Castellana.
· Mayo cultural: con numerosas actividades, como: teatro, danza, exposiciones, charlas, conciertos, etc.
· Julio: Festival folclórico “Villa de Villacastín”.
· 5 de febrero: Santa Águeda, donde las mujeres casadas de la localidad, han rescatado la Fiesta y su incorporación a las actividades festeras de Villacastín.
· Domingo siguiente a la Ascensión: fiesta de Nuestra Señora del Carrascal. Por la tarde procesión con la imagen de la patrona a la que se acompaña bailando la tradicional Jota Castellana, seguida de subasta de los banzos, refresco y remate de la subasta iniciada por la mañana.
· Fiestas patronales: penúltimo sábado de agosto hasta el último domingo de agosto. Con encierros matinales y vaquillas, carreras de caballos, tiradas al plato, y otras pruebas deportivas. Desfile de carrozas creadas por las peñas.
· Feria - Exposición de Ganado y Productos Artesanales.
· Gran Paella para todos los vecinos y visitantes del pueblo.
· Gran ofrenda floral a la Virgen del Carrascal, donde se acompaña a la patrona bailando la tradicional Jota Castellana.
· Mayo cultural: con numerosas actividades, como: teatro, danza, exposiciones, charlas, conciertos, etc.
· Julio: Festival folclórico “Villa de Villacastín”.
Gastronomía y Tradiciones:
Los platos típicos son la sopa castellana, judiones de La Granja, diversos guisos de caza, la caldereta de cordero, junto a las auténticas exquisiteces de las cartas de cualquier restaurante, por supuesto los asados (cordero, cochinillo o tostón), sin olvidar los chorizos, morcillas y demás embutidos que en la provincia tienen fama.
Folclore: Las danzas e interpretaciones son el folclore popular, jotas segovianas y nostálgicos cantos al son que marque la dulzaina y el tamboril, con los clásicos trajes segovianos.
Folclore: Las danzas e interpretaciones son el folclore popular, jotas segovianas y nostálgicos cantos al son que marque la dulzaina y el tamboril, con los clásicos trajes segovianos.
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